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Arquería Medieval Todo lo que te interesa saber o necesitas sobre la arquería medieval y su mundo
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azogaraz Site Admin

Registrado: 17 Ago 2008 Mensajes: 650 Ubicación: Zaragoza (España)
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Publicado: Dom Oct 05, 2008 12:38 pm Título del mensaje: La ballesta en la marina medieval |
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Como os veo un poco ociosos en el foro, os envió este fragmento del libro
EL ANILLO: LA HERENCIA DEL ÚLTIMO TEMPLARIO Autor: Jorge Molist, es una novela y poco más, pero en este episodio de la guerra en las galeras vemos en cierta medida la importancia del uso de las ballestas en la marina medieval. Espero que os guste:
Notaba mi corazón acelerado y me aferraba , tenso, al puño de mi espada en el cinto; sabía que a muchos la muerte les llegaría dentro de poco, quizá también a mi.
La nave enemiga emprendía la huida a remo, al tiempo que arriaba velas tal como hicimos nosotros momentos antes. Pero yo estaba convencido de que les alcanzaríamos.
-¡PASSA BOGA¡- Grité.
Y la orden fue trasmitida gritos por los cómitres a lo largo de la crujía hasta el tambor que , desde proa, marcaba la cadencia de remo. Los vergajos empezaron a llover sobre las espaldas de los forzados que no lograban adaptar su velocidad al ritmo máximo. La chusma, a coro, empezó a gruñir de esfuerzo cada vez que los remos se hundían en el mar y la nave aceleraba. Gritos de dolor acompañaban el chasquido del látigo. El tufo de los cuerpos me llegaba, más intenso ahora, con el aire de proa, y percibí lo que antes muchas veces, en trances semejantes, había notado en el hedor. Esa fetidez adicional, tenue y callada: el olor a miedo.
La distancia a nuestra presa disminuya, pero también era nave veloz y las piedras que lanzaban nuestras máquinas de guerra no lograban dar en ella. La arrumbada, en la proa de la Na Santa Coloma, estaba repleta de ballesteros a la espera de tener a los sarracenos a tiro. Uno lanzo un dardo y logró clavarlo en el maderamen de popa del enemigo, pero a aquella distancia el riesgo de error era grande y ordené que se contuvieran para ahorrar saetas.
Fue entonces cuando los moriscos descubrieron la carroza de su galera y el marino encaramado en el palo mayor gritó: ¡nafta¡. Líneas de humo se dibujaron en el cielo mientras jarros de combustible ardiendo empezaron a caer a alrededor de nuestra nave.
Los soldados se cubrieron con corazas, poco útiles contra el juego, pero la chusma remaba sin protección y allí entre los bancos dieciocho y diecinueve de estribor una jarra cayo justo sobre uno de aquellos infelices, convirtiendo al desgraciado en una bola de fuego líquido que salpicaba a sus compañeros. Aullaban angustiados y al soltar ellos los remos, la nave viró hacia babor.
El timonel intentaba corregir el rumbo, los chillidos de los abrasados hacían estremecer; pero aquél no era momento para miedo o compasión.
¡Echad hojarasca a la cocina¡- ordené.
No era la primera vez que usábamos la estratagema. Mientras los cómitres y soldados trataban de apagar el fuego con cubos de agua, los marinos subieron de la bodega unos sacos con hojarasca y brea que lanzaron al fogón, que situado al aire libre, en el banco veintitrés donde no había remeros, se mantenían las brasas. Al poco una columna de humo negro se levantó sobre la nave.
-¡Detened la boga¡- grité-. ¡Remos al agua¡
La orden de trasmitió por la crujía y la nave se detuvo, desviada de su persecución y balanceándose. El fuego ya se estaba controlando cuando el vigía gritó que los sarracenos reducían su remadura y su nave viraba. Por un momento los trazos de sus proyectiles se detuvieron y, al hacernos frente, reanudaron sus disparos, ahora desde la arrumbada, en la proa. Nuestros cómitres quitaron con rapidez las cadenas a heridos y moribundos de la sala de boga y remeros voluntarios, los llamados bonaboglies, que no precisaban grilletes, ocuparon sus lugares. Nuestra galera, cubierta de una espesa humareda que los marinos se encargaban de alimentar, parecía herida de muerte, pero en realidad estaba lista para combatir.
La nave enemiga venía hacia nuestro estribor, lanzándonos fuego y flechas; quería aprovechar la confusión para dañarnos. Nunca se hubiesen atrevido a abordar una galera como Nao Santa Coloma de no estar su tripulación disminuida. Mi gente se movía entre el humo como si algo realmente grave ocurriera y los dardos moriscos alcanzaban ya el maderamen y a los galeotes de los primeros bancos, que empezaron a gritar.
Estábamos a unos doscientos metros cuando ordené:
-¿Disparad saetas¡ ¡ Passa boga¡
Las ordenes corrieron hacia proa, el tambor empezó a sonar, también los latigazos y lamentos. Una nube de flechas voló hacia nuestro enemigo y al poco se oyeron gritos de la otra galera que aumentaron cuando tuvimos la fortuna de dar con una de nuestras piedras en su cubierta.
No se percibieron los sarracenos del engaño hasta que, saltando nuestra nave hacia delante, el humo del fogón que había dejado de alimentar, empezó a quedar a tras. Entonces cometieron su segundo yerro. Queriendo evitar el choque viraron a su babor para esquivarnos, pero gracias a la fuerza de nuestros remeros, que habían descansado mientras los suyos bogaban, y nuestra mayor potencia, logramos que el espolón, haciendo saltar tablas y astillas, se hundiera en su costado de estribor, cerca de la carroza. Mientras nuestros ballesteros, intentando no dar a los galeotes, seguramente esclavos cristianos, tuvieron tiempo de lanzar una segunda saeta, ahora más certera al ser a corta distancia, sobre guerreros y oficiales.
Al grito de abordaje, los nuestros, expertos en esas lides, corrieron por el espolón gritando “Por Cristo y la Virgen ” y saltaron con facilidad sobre la otra nave. A pesar de las bajas por flechas o sablazos moros, olvidándonos de la soldadesca, amontonada en su mayoría en proa, atacamos feroces la carroza de popa, donde en unos instantes los oficiales y guardias fueron degollados. Cuando todos los nuestros estuvieron a bordo y empezaron a avanzar por la crujía hacia la proa, entre los bancos de sus galeotes que nos aclamaban, supe que habíamos vencido.
Mi pecho, henchido de júbilo, orgulloso, soltó un grito de victoria. |
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Puntero
Registrado: 01 Oct 2008 Mensajes: 11 Ubicación: Tenerife
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Publicado: Sab Feb 21, 2009 11:47 am Título del mensaje: |
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He encontrado este gráfico dentro del libro de Sir Ralph Payne-Gallwey "The Crossbow" originaria de Valturius y que data del siglo XV:
Puede apreciarse la combinación de ballesteros y soldados con arcabuces, picas, lanzas, ...
Saludos,
JC,
www.ballestas.info |
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azogaraz Site Admin

Registrado: 17 Ago 2008 Mensajes: 650 Ubicación: Zaragoza (España)
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Publicado: Sab Feb 21, 2009 8:17 pm Título del mensaje: |
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Gracias por la imagen Sr. Puntero, por lo que he leído las ballestas más potentes que se desarrollaron se instalaban en los barcos que llevaban anclajes para ellas e las bordas etc.
Y que se retiraban si no había peligro etc. para protegerlas de la humedad salitre etc.
J.L. |
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